jueves, 14 de mayo de 2009

Tenían razón mis amantes en eso de que, antes, la mala era yo, con una excepción: esta vez, yo quería quererlo querer y él no. Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas. Tanto lo quería, que, tardé en aprender a olvidarlo diecinueve días y quinientas noches. Dijo hola y adiós, y, el portazo, sonó como un signo de interrogación, sospecho que, así, se vengaba a través del olvido. Cupido de mi. No pido perdón, ¿para qué? si me va a perdonar, porque ya no le importa.. Siempre tuve la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.